martes, 6 de mayo de 2014

Motivación

Una realidad que se da con mucha frecuencia es que cuando empezamos a correr -o a practicar cualquier otra actividad física- estamos repletos de motivación. El empujón inicial. Salir a correr y fardar de ello, porque sabemos que es sano, que está de moda, porque nos hemos comprado el kit completo del corredor. 

Lo difícil viene después. ¿Qué nos empuja a seguir corriendo kilómetro tras kilómetro, casi siempre por las mismas pistas y los mismos senderos?

Si correr ha entrado en el selecto club de tu rutina diaria/semanal ya es difícil que lo abandones. Si se tardan 21 días en asimilar un nuevo hábito y el deporte es uno de ellos será incluso más complicado que dejes de correr. Además, sabemos que correr es un arma eficaz contra el estrés y ahí tenemos otro punto para que nuestro cerebro nos incite a calzarnos las zapatillas y salir a la calle. ¿Un día malo en la oficina? Tu mente sabe que unos kilómetros más tarde regresarás a casa como nuevo.

Luego está el empujón puramente deportivo. Una carrera popular -salvo que seas un atleta profesional, y ahí ya tienes suficiente motivación-, correr por primera vez una media, un maratón, un ultra, mejorar tu marca, salir a trotar con tu grupo de entrenamiento -sí, también tiene componente social-. Todo vale para animarnos a abandonar el sofá.



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