martes, 4 de marzo de 2014

Cruzar el río

Era invierno y dos monjes budistas iban camino del monasterio cuando se encontraron a los pies de un lago helado a una mujer que debía cruzarlo pero tenía miedo de hacerlo por si la capa de hielo se rompía. El monje de más edad subíió a la mujer sobre sus hombros y así los tres cruzaron el río.

Durante el resto del duro camino, el monje más joven mostraba un semblante enfadado, furioso. Algo estaba alterando su conciencia, así que su compañero le preguntó:

- ¿A qué se debe esa expresión de enfado en tu rostro?

- Lo sabes bien, un monje budista no debe tocar a una mujer, y tú incluso la has aúpado sobre tus hombros, reprochó el joven.

Y tras un instante de reflexión, el monje que había ayudado a la mujer respondió:

- Tienes razón, yo la llevé. Pero la dejé al cruzar el lago helado. Sin embargo, tú todavía la llevas sobre tus hombros.

Cargar con resentimiento impide ver la realidad tal y como es. Déjalo ir.



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