miércoles, 5 de febrero de 2014

Meditación para principiantes

Para iniciarnos en la práctica de la meditación necesitamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué nos impulsa a ello? ¿Qué nos motiva? Lo ideal además sería no esperar nada, disfrutar de la práctica y no hacerla porque nos de esto o aquello -nos lo dará igual, no te preocupes-.

Lo primero que habremos de buscar será un lugar tranquilo y ordenado.  El motivo es sencillo, cuando comenzamos nuestra mente es muy volátil y evitar distracciones es fundamental. Si sumamos a ello una hora temprana el inicio será más fácil.

Respecto a nuestro cuerpo, tenemos dos opciones. Puedes sentarte sobre una silla con un cojín y con la espalda recta. Si te sientes con fuerzas, prueba a sentarte en la postura del medio loto para empezar, sobre un cojín, con la espalda recta y las manos sobre las piernas o en tu estómago. Los ojos no del todo cerrados (¡no intentamos dormir!). Se trata de sentirnos cómodos pero en una postura que nos mantenga alerta.

Además de lo anterior, el aspecto más importante es la respiración. La respiración es el ahora: concentrarse en la respiración nos mantiene en el presente y nos permite concentrarnos y aislarnos -poco a poco- de la tormenta de pensamientos que suele ser nuestra mente. Contando respiraciones -cuenta uno cuando inspires, dos cuando espires, tres cuando inspires...- hasta diez y vuelta a empezar, nos aseguramos de no perder nunca la concentración. Si te descubres pensando en la lista de la compra o en lo que pasó en el trabajo, no pasa nada, es normal, vuelve a empezar.

Es importante la constancia, mejor cinco minutos todos los días para ir cogiendo la costumbre. Como en el caso de correr, mejor paso a paso. De hecho, la meditación no deja de ser el entrenamiento para nuestra mente, como el correr lo es para nuestro cuerpo.



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